Nuestra historia
Una historia de 15 años de colaboración, prevención y aprendizaje
La historia de CSAW comenzó con una pregunta de la comunidad:¿qué haría falta para pasar de responder al maltrato infantil una vez que se ha producido el daño a prevenirlo?
Durante casi 15 años, esa pregunta ha dado forma a una colaboración en constante evolución entre la Universidad de Oregón y las comunidades de Oregón. Lo que comenzó como una iniciativa local para prevenir el maltrato y el abandono infantil en el condado de Lane se ha convertido en un conjunto más amplio de investigación, prevención, evaluación y trabajo con participación comunitaria, centrado en reforzar las condiciones que favorecen la seguridad y el bienestar de la infancia.
A lo largo del camino, el trabajo ha cambiado. También lo ha hecho nuestra concepción de la prevención. Lo que se ha mantenido constante es el compromiso de aunar investigación, experiencia vivida, conocimientos de la comunidad y práctica, y de aprender con el paso del tiempo.
2011: Todo comenzó con una visión comunitaria
La creación de CSAW contó con la influencia de supervivientes, defensores de los derechos humanos y de la justicia social, el Proyecto de Sanación del Trauma, residentes del condado de Lane y socios tanto dentro como fuera de la Universidad de Oregón.
El 5 de febrero de 2011,225 residentes del condado de Lane se reunieron en el marco de la serie«Next 100 Years» de la Facultad de Educación de la Universidad de Oregón. La sesión dedicada a la «Alianza por la No Violencia» estuvo dirigida por Jeff Todahl, de la Facultad de Educación de la UO; Megan Shultz, de CASA y 15th Night; y Alicia Hayes, de Salud Pública del condado de Lane y del Consejo Escolar 4J.
Se pidió a los participantes que imaginaran un futuro en el que el maltrato y el abandono infantil se produjeran con mucha menos frecuencia.
Sus conversaciones condujeron a una conclusión importante: era esencial contar con sistemas sólidos de intervención y respuesta, pero la respuesta por sí sola no lograría reducir el abuso y el abandono infantil a nivel de la población. El condado de Lane también necesitaba un compromiso sostenido conla prevención primaria.
De esas conversaciones surgió una pregunta ambiciosa: ¿qué se necesitaría para reducir sustancialmente el maltrato y el abandono infantil en toda una comunidad?
2011-2012: «90by30» toma forma
La iniciativa 90by30 surgió de esa visión comunitaria, con el ambicioso objetivo de reducir el maltrato y el abandono infantil en el condado de Lane en un 90 por ciento.
El objetivo era deliberadamente ambicioso. Pedía a las personas que partieran teniendo en mente el resultado final y que consideraran el papel concreto que los individuos, las organizaciones, los barrios, las escuelas, los sistemas y las comunidades podían desempeñar a la hora de crear entornos seguros, saludables y acogedores para los niños.
Desde el principio, 90by30 se concibió como una iniciativa de prevención de base vinculada a la capacidad de investigación y divulgación de una universidad pública. La prevención no se limitaría a desarrollarse en la universidad para luego trasladarse a las comunidades. La investigación y el conocimiento de la comunidad debían enriquecerse mutuamente.
Esa idea se convirtió en la base del enfoque del Centro.
2012: Se crea un centro universitario
En abril de 2012 se creó elCentro para la Prevención del Maltrato y el Descuido (CPAN) en el seno de la Facultad de Educación de la Universidad de Oregón.
El Centro aportó capacidad de investigación, medición, evaluación y estructura de apoyo a la incipiente iniciativa 90by30, al tiempo que creaba un espacio universitario donde el conocimiento sobre prevención pudiera acumularse con el tiempo.
La Fundación de la Familia Ford se convirtió en el primer gran financiador del Centro y en un socio a largo plazo. Su apoyo contribuyó a mantener la participación de las comunidades rurales, la evaluación del desarrollo y, más tarde, la fase piloto y el desarrollo a escala estatal del Estudio sobre la Prevalencia del Maltrato Infantil en Oregón (OCAPS).
2012-2015: Escuchar antes de actuar
Uno de los primeros compromisos del Centro fue comprender lo que las comunidades ya sabían.
Durante sus tres primeros años, el personal y los voluntarios del Equipo de Liderazgo Regional realizaron encuestas, entrevistas y escucharon amás de 12 000 residentes como parte de la elaboración de un plan de prevención del maltrato infantil basado en la investigación y generado por la comunidad.
La participación comunitaria tuvo lugar en colegios y centros comunitarios, en las «granges» y en los «Dari Marts», así como en otros lugares donde la gente ya solía reunirse. Entre los participantes se encontraban padres, jóvenes, supervivientes, hombres reclusos, personas que participaban en programas de intervención para maltratadores, familias de Head Start y Early Head Start, y otros miembros de la comunidad cuyas perspectivas solían estar ausentes de los procesos de planificación tradicionales.
El trabajo también incluyó al condado de Whatcom, en Washington, como comunidad de referencia.
Estas conversaciones exploraron los conocimientos, las actitudes y los comportamientos de prevención de la comunidad en relación con el maltrato y el abandono infantil. Las preguntas reflejaban las planteadas durante el encuentro«Next 100 Years», lo que permitió que la iniciativa de prevención en desarrollo siguiera aprendiendo de un grupo mucho más amplio de personas.
Este periodo contribuyó a establecer un principio que sigue guiando a la CSAW:las comunidades no son simplemente lugares donde se lleva a cabo la prevención. Son fuentes de conocimiento esenciales para comprender cómo debe ser la prevención.
2016-2017: Del conocimiento comunitario a la prevención local
Lo que compartieron las comunidades contribuyó a dar forma a los planes de prevención desarrollados a nivel local en siete regiones del condado de Lane.
Los equipos de liderazgo regionales colaboraron con el Centro para identificar estrategias que respondieran a los puntos fuertes, las relaciones y las necesidades locales. Los enfoques de prevención incluyeron iniciativas como la educación preventiva, los «Cafés para padres y la comunidad», «Raíces de la empatía», los «Paquetes de bienvenida para bebés», «Familias seguras para los niños» y otras estrategias seleccionadas a nivel local.
Esto brindó la oportunidad de aprender no solo si determinados enfoques eran prometedores, sino también qué se necesitaba para implementarlos, adaptarlos, mantenerlos —y, en ocasiones, reconsiderarlos— en condiciones reales.
El enfoque de impacto colectivo entre la comunidad y el campus, desarrollado a través de 90by30, fue reconocido posteriormente por la Oficina de la Infancia de EE. UU.
Se estaba produciendo un cambio importante:la prevención ya no consistía tanto en encontrar un único programa, sino más bien en comprender cómo las comunidades podían forjar las relaciones, las prácticas, los recursos y las condiciones que favorecen la seguridad.
2019: Aprender directamente de los jóvenes
Otra cuestión cobró cada vez más importancia:¿cómo sabemos si los niños y los jóvenes están realmente más seguros?
Las medidas tradicionales de maltrato y negligencia infantil se basan en gran medida en las denuncias presentadas ante las instituciones. Esas medidas son importantes, pero no pueden decirnos todo lo que viven los jóvenes ni qué creen ellos mismos que reduciría la probabilidad de que se produzca violencia.
La CSAW desarrolló elEstudio sobre la Prevalencia del Maltrato Infantil en Oregón (OCAPS) para conocer directamente de los jóvenes sus experiencias en materia de maltrato, negligencia, violencia por motivos de identidad, revelación de casos, búsqueda de ayuda, relaciones, resiliencia y prevención.
Tras una prueba inicial con estudiantes universitarios de la Universidad de Oregón, el OCAPS se puso a prueba en institutos del condado de Lane en 2019, sentando las bases para su implementación en todo el estado.
El OCAPS también reflejó una evolución más amplia en el trabajo de la CSAW: ir más allá de la investigación de las experiencias de los jóvenes para crear formas más significativas de que los conocimientos de la juventud influyan en cómo se plantean las preguntas de prevención, se interpretan los resultados y se desarrollan los enfoques de prevención.
Aprender a través de la prevención en la práctica
Con el tiempo, el trabajo de la CSAW se ha ampliado más allá de la iniciativa original «90by30».
A través de iniciativas como«Protect Our Children», los «Parent and Community Cafés», «Cultivate», OCAPS, el Consejo Asesor Juvenil, las coaliciones de prevención, la formación profesional y las colaboraciones a nivel estatal, la CSAW y sus socios han seguido probando, adaptando, evaluando y aprendiendo de la prevención en contextos reales.
Algunos enfoques han crecido y se han mantenido. Otros han cambiado. Los enfoques que no funcionaron como se esperaba también han aportado importantes aprendizajes.
La evaluación a largo plazo ha permitido examinar cambios que quizá no sean visibles en el marco de un ciclo corto de subvenciones o de programas. Las alianzas comunitarias han puesto de manifiesto la importancia de la adaptación local. Los «Cafés para padres y la comunidad» han reforzado el valor de los espacios creados en torno a la conexión y el aprendizaje compartido, en lugar de la transmisión unidireccional de conocimientos especializados. Las colaboraciones rurales han demostrado por qué no se puede dar por sentado que los enfoques de prevención desarrollados en un lugar funcionen de la misma manera en otro.
A lo largo de estas experiencias, la pregunta central de la CSAW sobre la prevención siguió evolucionando.
La pregunta pasó de «¿Qué programas deberíamos poner en marcha?» a «¿Qué condiciones deberíamos reforzar deliberadamente y cómo sabremos si están cambiando?».
Una comprensión cada vez más amplia de la prevención
Casi 15 años de investigación, evaluación, puesta en práctica, experiencia comunitaria y aprendizaje de los jóvenes y los supervivientes han contribuido a una comprensión más amplia de lo que reduce la probabilidad de que se produzca la violencia infantil.
Los programas son importantes. Pero los programas funcionan en el marco de las relaciones, las organizaciones, las comunidades y los sistemas.
Las experiencias de los niños y niñas vienen determinadas por el sentido de pertenencia y la conexión, la presencia de adultos de confianza, las oportunidades para actuar de forma autónoma, lo que ocurre cuando un joven busca ayuda, las normas comunitarias, las prácticas institucionales, los recursos disponibles, la coordinación de los sistemas, las políticas, el estigma, la desigualdad y muchas otras condiciones que les rodean.
Este aprendizaje acumulado contribuyó al«Plan de Acción Promotor e inspirada en los jóvenes y los supervivientes» y ala «Teoría del cambio» de la CSAW, que centran la atención en las condiciones que las comunidades y los sistemas pueden reforzar de forma deliberada para que la seguridad, la conexión, la búsqueda eficaz de ayuda y la respuesta a la misma, la sanación y la rendición de cuentas sean más probables.
También reforzó otra lección: las relaciones y la coordinación comunitaria no son simplemente formas de aplicar estrategias de prevención.Forman parte de la infraestructura que hace posible una prevención sostenida.
2025: De CPAN a CSAW
En 2025, el Centro para la Prevención del Maltrato y el Descuido pasó a denominarseCentro para la Seguridad y el Bienestar Infantil (CSAW).
El nuevo nombre reflejaba una evolución que ya se estaba produciendo en el trabajo.
El CSAW mantuvo su compromiso con la prevención del maltrato y el abandono infantil, al tiempo que hacía hincapié de forma más explícita en las condiciones que deseamos que experimenten los niños, los jóvenes, las familias y las comunidades:seguridad, bienestar, pertenencia, conexión, autonomía, sanación y equidad.
El ámbito de actuación del Centro también se amplió explícitamente para incluir la violencia basada en la identidad, junto con el maltrato infantil, el abandono, la exposición a la violencia de pareja y los daños interpersonales relacionados.
El cambio reflejaba una filosofía de prevención cada vez más clara: reducir la violencia es importante, pero la prevención también nos exige identificar y reforzar deliberadamente las condiciones en las que los niños y las comunidades pueden prosperar.
Una colaboración entre la investigación y la comunidad
La trayectoria de la CSAW también ha ayudado a aclarar el papel que puede desempeñar una universidad pública de investigación en la prevención.
Una universidad puede aportar capacidades que son difíciles de mantener únicamente a través de proyectos individuales: investigación y evaluación, medición, estudios interdisciplinares, ciencia de la prevención y la implementación, formación profesional, estudiantes y profesionales en formación, infraestructura institucional y la capacidad de acumular conocimientos a lo largo de muchos años.
Pero el conocimiento universitario es solo una forma de conocimiento.
Un líder en prevención rural puede comprender por qué un enfoque no funcionará en una comunidad concreta. Una persona que ha sobrevivido a un abuso puede reconocer una práctica institucional que socava la confianza. Un joven puede ver por qué un mensaje elaborado por adultos no llegará a sus compañeros. Un padre o una madre puede saber si el apoyo se percibe como útil o intrusivo. Un profesor puede comprender qué es lo que, de forma realista, se puede mantener en un centro educativo. Las organizaciones comunitarias cuentan con relaciones e historias que las universidades no tienen.
Hoy en día, describimos esta orientación como una«colaboración entre la investigación y la comunidad»: poner la capacidad de investigación en relación con el conocimiento comunitario, la experiencia vivida, la práctica y el lugar —y permanecer comprometidos el tiempo suficiente para que el aprendizaje se acumule y sirva de base para lo que venga después.
El próximo capítulo
Quince años de investigación, prácticas de prevención, evaluación y colaboración con la comunidad nos han proporcionado una visión más clara de lo que requiere la prevención sostenida de la violencia infantil.
El Plan de Acción Promotora y la Teoría del Cambio de la CSAW reúnen gran parte de ese aprendizaje: identifican las condiciones que pueden reforzarse de forma deliberada para que la violencia sea menos probable y la seguridad, el sentido de pertenencia, la conexión, la autonomía, la sanación y el bienestar sean más probables.
Nuestra siguiente pregunta es cómo desarrollar la capacidad para reforzar esas condiciones de manera integral, aprender de la implementación a lo largo del tiempo y hacer que ese aprendizaje resulte útil más allá de una sola comunidad.
Concebimos la CSAW y sus colaboraciones comunitarias como uncentro de demostración nacional para la prevención de la violencia infantil: un lugar donde la capacidad universitaria y los conocimientos de la comunidad se unen para desarrollar, probar, evaluar y perfeccionar un enfoque integrado de la prevención.
Esta siguiente fase está tomando forma en torno a cinco áreas interconectadas: infraestructura de prevención sostenida; recopilación continua de datos y aprendizaje; colaboración significativa con jóvenes y supervivientes; educación en materia de prevención y aplicación en la vida real; y liderazgo en la prevención basado en el contexto local.
El objetivo es aprender qué se necesita para establecer estas capacidades de forma conjunta en colaboración con una universidad pública de investigación, comprender cómo contribuyen a crear condiciones más sólidas para la seguridad y el bienestar de la infancia, y plasmar lo aprendido en enfoques que otras comunidades puedan adaptar a sus propios contextos.
A 15-Year Story of Partnership, Prevention, and Learning
CSAW’s story began with a community question:
What would it take to move from responding to child abuse after harm occurs toward preventing it?
For nearly 15 years, that question has shaped an evolving partnership between the University of Oregon and Oregon communities. What began as a place-based effort to prevent child abuse and neglect in Lane County has grown into a broader body of research, prevention, evaluation, and community-engaged work focused on strengthening the conditions that support childhood safety and wellbeing.
Along the way, the work has changed. So has our understanding of prevention. What has remained constant is a commitment to bringing research, lived experience, community knowledge, and practice together—and learning over time.
2011
It Began With a Community Vision
CSAW’s formation was influenced by survivors, human rights and social justice advocates, the Trauma Healing Project, Lane County residents, and partners within and beyond the University of Oregon.
On February 5, 2011, 225 Lane County residents gathered as part of the University of Oregon College of Education’s Next 100 Years series. The Partnership for Nonviolence segment was spearheaded by Jeff Todahl of the UO College of Education, Megan Shultz of CASA and 15th Night, and Alicia Hayes of Lane County Public Health and the 4J School Board.
Participants were asked to imagine a future in which child abuse and neglect occurred far less often.
Their conversations led to an important conclusion: strong intervention and response systems were essential, but response alone would not produce population-level reductions in child abuse and neglect. Lane County also needed a sustained commitment to primary prevention.
From those conversations came an ambitious question: What would it take to substantially reduce child abuse and neglect across an entire community?
2011–2012
90by30 Takes Shape
The 90by30 Initiative grew from that community vision, with an aspirational goal of reducing child abuse and neglect in Lane County by 90 percent.
The goal was intentionally ambitious. It asked people to begin with the end in mind and consider the practical roles individuals, organizations, neighborhoods, schools, systems, and communities could play in creating safe, healthy, and nurturing environments for children.
From the beginning, 90by30 was envisioned as a grassroots prevention effort connected to the research and outreach capacity of a public university. Prevention would not simply be developed at the university and delivered to communities. Research and community knowledge would need to inform one another.
That idea became foundational to the Center’s approach.
2012
A University Center Is Established
In April 2012, the Center for the Prevention of Abuse and Neglect (CPAN) was established within the University of Oregon College of Education.
The Center provided research, measurement, evaluation, and backbone capacity for the emerging 90by30 effort while creating a university home where prevention knowledge could accumulate over time.
The Ford Family Foundation became the Center’s first major funder and a long-term partner. Its support helped sustain rural community engagement, developmental evaluation, and, later, the pilot and statewide development of the Oregon Child Abuse Prevalence Study (OCAPS).
2012–2015
Listening Before Acting
One of the Center’s earliest commitments was to understand what communities already knew.
During its first three years, staff and Regional Leadership Team volunteers surveyed, interviewed, and listened to more than 12,000 residents as part of the development of a research-informed, community-generated child abuse prevention plan.
Community engagement happened in schools and community centers, granges and Dari Marts, and other places where people already gathered. Participants included parents, young people, survivors, incarcerated men, people participating in batterer intervention, Head Start and Early Head Start families, and other community members whose perspectives were often missing from traditional planning processes.
The work also included Whatcom County, Washington, as a comparator community.
These conversations explored community knowledge, attitudes, and prevention behaviors related to child abuse and neglect. The questions reflected those raised during the Next 100 Years gathering, allowing the developing prevention effort to continue learning from a much broader group of people.
What residents shared did more than inform outreach. It helped shape the community-generated prevention plan, the priorities that followed, and CSAW’s broader understanding that prevention must be grounded in the knowledge, relationships, strengths, and realities of the people who live in a place.
This period helped establish a principle that continues to guide CSAW: families and communities are not simply participants in prevention. Their knowledge helps shape what prevention should look like.
2016–2017
From Community Knowledge to Local Prevention
What communities shared helped inform locally developed prevention plans across seven Lane County regions.
Regional Leadership Teams worked with the Center to identify strategies responsive to local strengths, relationships, and needs. Prevention approaches included efforts such as prevention education, Parent and Community Cafés, Roots of Empathy, Welcome Baby Bundles, Safe Families for Children, and other locally selected strategies.
This created an opportunity to learn not only whether particular approaches were promising, but what it took to implement, adapt, sustain—and sometimes reconsider—them under real-world conditions.
The community-campus collective impact approach developed through 90by30 was later recognized by the U.S. Children’s Bureau.
An important shift was underway: prevention was becoming less about finding a single program and more about understanding how communities could build the relationships, practices, resources, and conditions that support safety.
2019
Learning Directly From Young People
Another question became increasingly important: How do we know whether children and young people are actually becoming safer?
Traditional measures of child abuse and neglect rely heavily on reports made to institutions. Those measures are important, but they cannot tell us everything young people experience or what young people themselves believe would make violence less likely.
CSAW developed the Oregon Child Abuse Prevalence Study (OCAPS) to learn directly from young people about experiences of abuse, neglect, identity-based violence, disclosure, help-seeking, relationships, resilience, and prevention.
Following initial testing with University of Oregon undergraduates, OCAPS was piloted in Lane County high schools in 2019, laying groundwork for statewide implementation.
OCAPS also reflected a larger evolution in CSAW’s work: moving beyond researching young people’s experiences toward creating more meaningful ways for youth knowledge to inform how prevention questions are asked, findings are understood, and prevention approaches are developed.
PEACE Broadens the Prevention Lens
The Prevention Education and Advocacy for Childhood Empowerment (PEACE) project marked another important evolution in CSAW’s understanding of childhood violence and prevention.
Through conversations with young people and adults who work with youth, PEACE helped CSAW better understand experiences and prevention needs related to identity-based violence and dating violence. What CSAW learned through the project also strengthened the Center’s focus on equity and the importance of bringing youth perspectives into prevention.
These lessons helped widen the prevention lens beyond child abuse and neglect and contributed to the broader understanding of childhood violence that guides CSAW today.
Learning Through Prevention in Practice
Over time, CSAW’s work expanded beyond the original 90by30 effort.
Through initiatives including Protect Our Children, Parent and Community Cafés, Cultivate, OCAPS, the Youth Advisory Council, prevention coalitions, professional learning, and statewide partnerships, CSAW and its partners have continued to test, adapt, evaluate, and learn from prevention in real-world settings.
K(no)w More Lane County offered an early glimpse of what it could look like to make prevention part of everyday community life. The strategy reached beyond nonprofit and professional systems to engage people across the community in understanding childhood violence and the roles they could play in prevention. Although the work was not sustained at the scale originally envisioned, it demonstrated the potential for broader community participation in prevention—an approach CSAW hopes to revisit with sustained support.
Some approaches have grown and continued. Others have changed. Approaches that did not work as expected have also contributed important learning.
Long-term evaluation has made it possible to examine changes that may not be visible within a short grant or program cycle. Community partnerships have shown the importance of local adaptation. Parent and Community Cafés have reinforced the value of spaces built around connection and shared learning rather than one-way delivery of expertise. Rural partnerships have demonstrated why prevention approaches developed in one place cannot simply be assumed to work the same way somewhere else.
Across these experiences, CSAW’s central prevention question continued to evolve.
The question shifted from “Which programs should we implement?” toward “Which conditions should we deliberately strengthen, and how will we know whether they are changing?”
An Expanding Understanding of Prevention
Nearly 15 years of research, evaluation, implementation, community experience, and learning from youth and survivors have contributed to a broader understanding of what makes childhood violence less likely.
Programs matter. But programs operate within relationships, organizations, communities, and systems.
Children’s experiences are shaped by belonging and connection, trustworthy adults, opportunities for agency, what happens when a young person seeks help, community norms, institutional practices, available resources, systems coordination, policy, stigma, inequity, and many other conditions around them.
This accumulated learning contributed to CSAW’s Youth and Survivor-Inspired Promotive Action Plan and Theory of Change, which focus attention on conditions that communities and systems can deliberately strengthen so that safety, connection, effective help-seeking and response, healing, and accountability become more likely.
It also reinforced another lesson: relationships and community coordination are not simply ways to implement prevention strategies. They are part of the infrastructure that makes sustained prevention possible.
2025
From CPAN to CSAW
In 2025, the Center for the Prevention of Abuse and Neglect became the Center for Childhood Safety and Wellbeing (CSAW).
The new name reflected an evolution already underway in the work.
CSAW retained its commitment to preventing child abuse and neglect while more explicitly emphasizing the conditions we want children, young people, families, and communities to experience: safety, wellbeing, belonging, connection, agency, healing, and equity.
The Center’s scope also expanded explicitly to include identity-based violence alongside child abuse, neglect, exposure to intimate partner violence, and related interpersonal harm.
The change reflected an increasingly clear prevention philosophy: reducing violence matters, but prevention also asks us to identify and deliberately strengthen the conditions in which children and communities can thrive.
A Research to Community Partnership
CSAW’s history has also helped clarify the role a public research university can play in prevention.
A university can provide capacities that are difficult to sustain through individual projects alone: research and evaluation, measurement, interdisciplinary scholarship, prevention and implementation science, professional learning, students and emerging professionals, institutional infrastructure, and the ability to accumulate knowledge across many years.
But university knowledge is only one form of knowledge.
A rural prevention leader may understand why an approach will not work in a particular community. A survivor may recognize an institutional practice that undermines trust. A young person may see why a message developed by adults will not reach their peers. A parent may know whether support feels useful or intrusive. A teacher may understand what can realistically be sustained in a school. Community organizations hold relationships and histories that universities do not.
Today, we describe this orientation as a Research to Community Partnership: bringing research capacity into relationship with community knowledge, lived expertise, practice, and place—and remaining engaged long enough for learning to accumulate and inform what comes next.
The Next Chapter
Fifteen years of research, prevention practice, evaluation, and community partnership have given us a clearer picture of what sustained childhood violence prevention requires.
CSAW's Promotive Action Plan and Theory of Change bring much of that learning together: identifying conditions that can be deliberately strengthened so that violence becomes less likely and safety, belonging, connection, agency, healing, and wellbeing become more likely.
Our next question is how to build the capacity to strengthen those conditions comprehensively, learn from implementation over time, and make that learning useful beyond a single community.
We envision CSAW and its community partnerships as a national demonstration site for childhood violence prevention: a place where university capacity and community knowledge come together to build, test, measure, and refine an integrated approach to prevention.
This next phase is taking shape around five interconnected areas: sustained prevention infrastructure; ongoing data collection and learning; meaningful youth and survivor partnership; prevention education and real-world implementation; and place-based prevention leadership.
The goal is to learn what it takes to establish these capacities together in partnership with a public research university, understand how they contribute to stronger conditions for childhood safety and wellbeing, and translate what we learn into approaches that other communities can adapt to their own contexts.