Nuestra historia

 

 

Una historia de 15 años de colaboración, prevención y aprendizaje

La historia de CSAW comenzó con una pregunta de la comunidad:¿qué haría falta para pasar de responder al maltrato infantil una vez que se ha producido el daño a prevenirlo?

Durante casi 15 años, esa pregunta ha dado forma a una colaboración en constante evolución entre la Universidad de Oregón y las comunidades de Oregón. Lo que comenzó como una iniciativa local para prevenir el maltrato y el abandono infantil en el condado de Lane se ha convertido en un conjunto más amplio de investigación, prevención, evaluación y trabajo con participación comunitaria, centrado en reforzar las condiciones que favorecen la seguridad y el bienestar de la infancia.

A lo largo del camino, el trabajo ha cambiado. También lo ha hecho nuestra concepción de la prevención. Lo que se ha mantenido constante es el compromiso de aunar investigación, experiencia vivida, conocimientos de la comunidad y práctica, y de aprender con el paso del tiempo.

2011: Todo comenzó con una visión comunitaria

La creación de CSAW contó con la influencia de supervivientes, defensores de los derechos humanos y de la justicia social, el Proyecto de Sanación del Trauma, residentes del condado de Lane y socios tanto dentro como fuera de la Universidad de Oregón.

El 5 de febrero de 2011,225 residentes del condado de Lane se reunieron en el marco de la serie«Next 100 Years» de la Facultad de Educación de la Universidad de Oregón. La sesión dedicada a la «Alianza por la No Violencia» estuvo dirigida por Jeff Todahl, de la Facultad de Educación de la UO; Megan Shultz, de CASA y 15th Night; y Alicia Hayes, de Salud Pública del condado de Lane y del Consejo Escolar 4J.

Se pidió a los participantes que imaginaran un futuro en el que el maltrato y el abandono infantil se produjeran con mucha menos frecuencia.

Sus conversaciones condujeron a una conclusión importante: era esencial contar con sistemas sólidos de intervención y respuesta, pero la respuesta por sí sola no lograría reducir el abuso y el abandono infantil a nivel de la población. El condado de Lane también necesitaba un compromiso sostenido conla prevención primaria.

De esas conversaciones surgió una pregunta ambiciosa: ¿qué se necesitaría para reducir sustancialmente el maltrato y el abandono infantil en toda una comunidad?

2011-2012: «90by30» toma forma

La iniciativa 90by30 surgió de esa visión comunitaria, con el ambicioso objetivo de reducir el maltrato y el abandono infantil en el condado de Lane en un 90 por ciento.

El objetivo era deliberadamente ambicioso. Pedía a las personas que partieran teniendo en mente el resultado final y que consideraran el papel concreto que los individuos, las organizaciones, los barrios, las escuelas, los sistemas y las comunidades podían desempeñar a la hora de crear entornos seguros, saludables y acogedores para los niños.

Desde el principio, 90by30 se concibió como una iniciativa de prevención de base vinculada a la capacidad de investigación y divulgación de una universidad pública. La prevención no se limitaría a desarrollarse en la universidad para luego trasladarse a las comunidades. La investigación y el conocimiento de la comunidad debían enriquecerse mutuamente.

Esa idea se convirtió en la base del enfoque del Centro.

2012: Se crea un centro universitario

En abril de 2012 se creó elCentro para la Prevención del Maltrato y el Descuido (CPAN) en el seno de la Facultad de Educación de la Universidad de Oregón.

El Centro aportó capacidad de investigación, medición, evaluación y estructura de apoyo a la incipiente iniciativa 90by30, al tiempo que creaba un espacio universitario donde el conocimiento sobre prevención pudiera acumularse con el tiempo.

La Fundación de la Familia Ford se convirtió en el primer gran financiador del Centro y en un socio a largo plazo. Su apoyo contribuyó a mantener la participación de las comunidades rurales, la evaluación del desarrollo y, más tarde, la fase piloto y el desarrollo a escala estatal del Estudio sobre la Prevalencia del Maltrato Infantil en Oregón (OCAPS).

2012-2015: Escuchar antes de actuar

Uno de los primeros compromisos del Centro fue comprender lo que las comunidades ya sabían.

Durante sus tres primeros años, el personal y los voluntarios del Equipo de Liderazgo Regional realizaron encuestas, entrevistas y escucharon amás de 12 000 residentes como parte de la elaboración de un plan de prevención del maltrato infantil basado en la investigación y generado por la comunidad.

La participación comunitaria tuvo lugar en colegios y centros comunitarios, en las «granges» y en los «Dari Marts», así como en otros lugares donde la gente ya solía reunirse. Entre los participantes se encontraban padres, jóvenes, supervivientes, hombres reclusos, personas que participaban en programas de intervención para maltratadores, familias de Head Start y Early Head Start, y otros miembros de la comunidad cuyas perspectivas solían estar ausentes de los procesos de planificación tradicionales.

El trabajo también incluyó al condado de Whatcom, en Washington, como comunidad de referencia.

Estas conversaciones exploraron los conocimientos, las actitudes y los comportamientos de prevención de la comunidad en relación con el maltrato y el abandono infantil. Las preguntas reflejaban las planteadas durante el encuentro«Next 100 Years», lo que permitió que la iniciativa de prevención en desarrollo siguiera aprendiendo de un grupo mucho más amplio de personas.

Este periodo contribuyó a establecer un principio que sigue guiando a la CSAW:las comunidades no son simplemente lugares donde se lleva a cabo la prevención. Son fuentes de conocimiento esenciales para comprender cómo debe ser la prevención.

2016-2017: Del conocimiento comunitario a la prevención local

Lo que compartieron las comunidades contribuyó a dar forma a los planes de prevención desarrollados a nivel local en siete regiones del condado de Lane.

Los equipos de liderazgo regionales colaboraron con el Centro para identificar estrategias que respondieran a los puntos fuertes, las relaciones y las necesidades locales. Los enfoques de prevención incluyeron iniciativas como la educación preventiva, los «Cafés para padres y la comunidad», «Raíces de la empatía», los «Paquetes de bienvenida para bebés», «Familias seguras para los niños» y otras estrategias seleccionadas a nivel local.

Esto brindó la oportunidad de aprender no solo si determinados enfoques eran prometedores, sino también qué se necesitaba para implementarlos, adaptarlos, mantenerlos —y, en ocasiones, reconsiderarlos— en condiciones reales.

El enfoque de impacto colectivo entre la comunidad y el campus, desarrollado a través de 90by30, fue reconocido posteriormente por la Oficina de la Infancia de EE. UU.

Se estaba produciendo un cambio importante:la prevención ya no consistía tanto en encontrar un único programa, sino más bien en comprender cómo las comunidades podían forjar las relaciones, las prácticas, los recursos y las condiciones que favorecen la seguridad.

2019: Aprender directamente de los jóvenes

Otra cuestión cobró cada vez más importancia:¿cómo sabemos si los niños y los jóvenes están realmente más seguros?

Las medidas tradicionales de maltrato y negligencia infantil se basan en gran medida en las denuncias presentadas ante las instituciones. Esas medidas son importantes, pero no pueden decirnos todo lo que viven los jóvenes ni qué creen ellos mismos que reduciría la probabilidad de que se produzca violencia.

La CSAW desarrolló elEstudio sobre la Prevalencia del Maltrato Infantil en Oregón (OCAPS) para conocer directamente de los jóvenes sus experiencias en materia de maltrato, negligencia, violencia por motivos de identidad, revelación de casos, búsqueda de ayuda, relaciones, resiliencia y prevención.

Tras una prueba inicial con estudiantes universitarios de la Universidad de Oregón, el OCAPS se puso a prueba en institutos del condado de Lane en 2019, sentando las bases para su implementación en todo el estado.

El OCAPS también reflejó una evolución más amplia en el trabajo de la CSAW: ir más allá de la investigación de las experiencias de los jóvenes para crear formas más significativas de que los conocimientos de la juventud influyan en cómo se plantean las preguntas de prevención, se interpretan los resultados y se desarrollan los enfoques de prevención.

Aprender a través de la prevención en la práctica

Con el tiempo, el trabajo de la CSAW se ha ampliado más allá de la iniciativa original «90by30».

A través de iniciativas como«Protect Our Children», los «Parent and Community Cafés», «Cultivate», OCAPS, el Consejo Asesor Juvenil, las coaliciones de prevención, la formación profesional y las colaboraciones a nivel estatal, la CSAW y sus socios han seguido probando, adaptando, evaluando y aprendiendo de la prevención en contextos reales.

Algunos enfoques han crecido y se han mantenido. Otros han cambiado. Los enfoques que no funcionaron como se esperaba también han aportado importantes aprendizajes.

La evaluación a largo plazo ha permitido examinar cambios que quizá no sean visibles en el marco de un ciclo corto de subvenciones o de programas. Las alianzas comunitarias han puesto de manifiesto la importancia de la adaptación local. Los «Cafés para padres y la comunidad» han reforzado el valor de los espacios creados en torno a la conexión y el aprendizaje compartido, en lugar de la transmisión unidireccional de conocimientos especializados. Las colaboraciones rurales han demostrado por qué no se puede dar por sentado que los enfoques de prevención desarrollados en un lugar funcionen de la misma manera en otro.

A lo largo de estas experiencias, la pregunta central de la CSAW sobre la prevención siguió evolucionando.

La pregunta pasó de «¿Qué programas deberíamos poner en marcha?» a «¿Qué condiciones deberíamos reforzar deliberadamente y cómo sabremos si están cambiando?».

Una comprensión cada vez más amplia de la prevención

Casi 15 años de investigación, evaluación, puesta en práctica, experiencia comunitaria y aprendizaje de los jóvenes y los supervivientes han contribuido a una comprensión más amplia de lo que reduce la probabilidad de que se produzca la violencia infantil.

Los programas son importantes. Pero los programas funcionan en el marco de las relaciones, las organizaciones, las comunidades y los sistemas.

Las experiencias de los niños y niñas vienen determinadas por el sentido de pertenencia y la conexión, la presencia de adultos de confianza, las oportunidades para actuar de forma autónoma, lo que ocurre cuando un joven busca ayuda, las normas comunitarias, las prácticas institucionales, los recursos disponibles, la coordinación de los sistemas, las políticas, el estigma, la desigualdad y muchas otras condiciones que les rodean.

Este aprendizaje acumulado contribuyó al«Plan de Acción Promotor e inspirada en los jóvenes y los supervivientes» y ala «Teoría del cambio» de la CSAW, que centran la atención en las condiciones que las comunidades y los sistemas pueden reforzar de forma deliberada para que la seguridad, la conexión, la búsqueda eficaz de ayuda y la respuesta a la misma, la sanación y la rendición de cuentas sean más probables.

También reforzó otra lección: las relaciones y la coordinación comunitaria no son simplemente formas de aplicar estrategias de prevención.Forman parte de la infraestructura que hace posible una prevención sostenida.

2025: De CPAN a CSAW

En 2025, el Centro para la Prevención del Maltrato y el Descuido pasó a denominarseCentro para la Seguridad y el Bienestar Infantil (CSAW).

El nuevo nombre reflejaba una evolución que ya se estaba produciendo en el trabajo.

El CSAW mantuvo su compromiso con la prevención del maltrato y el abandono infantil, al tiempo que hacía hincapié de forma más explícita en las condiciones que deseamos que experimenten los niños, los jóvenes, las familias y las comunidades:seguridad, bienestar, pertenencia, conexión, autonomía, sanación y equidad.

El ámbito de actuación del Centro también se amplió explícitamente para incluir la violencia basada en la identidad, junto con el maltrato infantil, el abandono, la exposición a la violencia de pareja y los daños interpersonales relacionados.

El cambio reflejaba una filosofía de prevención cada vez más clara: reducir la violencia es importante, pero la prevención también nos exige identificar y reforzar deliberadamente las condiciones en las que los niños y las comunidades pueden prosperar.

Una colaboración entre la investigación y la comunidad

La trayectoria de la CSAW también ha ayudado a aclarar el papel que puede desempeñar una universidad pública de investigación en la prevención.

Una universidad puede aportar capacidades que son difíciles de mantener únicamente a través de proyectos individuales: investigación y evaluación, medición, estudios interdisciplinares, ciencia de la prevención y la implementación, formación profesional, estudiantes y profesionales en formación, infraestructura institucional y la capacidad de acumular conocimientos a lo largo de muchos años.

Pero el conocimiento universitario es solo una forma de conocimiento.

Un líder en prevención rural puede comprender por qué un enfoque no funcionará en una comunidad concreta. Una persona que ha sobrevivido a un abuso puede reconocer una práctica institucional que socava la confianza. Un joven puede ver por qué un mensaje elaborado por adultos no llegará a sus compañeros. Un padre o una madre puede saber si el apoyo se percibe como útil o intrusivo. Un profesor puede comprender qué es lo que, de forma realista, se puede mantener en un centro educativo. Las organizaciones comunitarias cuentan con relaciones e historias que las universidades no tienen.

Hoy en día, describimos esta orientación como una«colaboración entre la investigación y la comunidad»: poner la capacidad de investigación en relación con el conocimiento comunitario, la experiencia vivida, la práctica y el lugar —y permanecer comprometidos el tiempo suficiente para que el aprendizaje se acumule y sirva de base para lo que venga después.

El próximo capítulo

Quince años de investigación, prácticas de prevención, evaluación y colaboración con la comunidad nos han proporcionado una visión más clara de lo que requiere la prevención sostenida de la violencia infantil.

El Plan de Acción Promotora y la Teoría del Cambio de la CSAW reúnen gran parte de ese aprendizaje: identifican las condiciones que pueden reforzarse de forma deliberada para que la violencia sea menos probable y la seguridad, el sentido de pertenencia, la conexión, la autonomía, la sanación y el bienestar sean más probables.

Nuestra siguiente pregunta es cómo desarrollar la capacidad para reforzar esas condiciones de manera integral, aprender de la implementación a lo largo del tiempo y hacer que ese aprendizaje resulte útil más allá de una sola comunidad.

Concebimos la CSAW y sus colaboraciones comunitarias como uncentro de demostración nacional para la prevención de la violencia infantil: un lugar donde la capacidad universitaria y los conocimientos de la comunidad se unen para desarrollar, probar, evaluar y perfeccionar un enfoque integrado de la prevención.

Esta siguiente fase está tomando forma en torno a cinco áreas interconectadas: infraestructura de prevención sostenida; recopilación continua de datos y aprendizaje; colaboración significativa con jóvenes y supervivientes; educación en materia de prevención y aplicación en la vida real; y liderazgo en la prevención basado en el contexto local.

El objetivo es aprender qué se necesita para establecer estas capacidades de forma conjunta en colaboración con una universidad pública de investigación, comprender cómo contribuyen a crear condiciones más sólidas para la seguridad y el bienestar de la infancia, y plasmar lo aprendido en enfoques que otras comunidades puedan adaptar a sus propios contextos.

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